El reto de ventilar un piso: dónde meter los conductos
La ventilación con recuperación de calor (el doble flujo) es lo que permite renovar el aire de casa sin tirar por la ventana el calor que has pagado: el aire que sale templa al aire que entra a través de un intercambiador. Lo explicamos en VMC de simple flujo o doble flujo. El problema, en un piso, no es el equipo: es por dónde pasan los conductos. En una casa unifamiliar o en obra nueva se diseña una red que reparte el aire por todas las estancias, pero en un piso ya construido raramente hay patinillos ni espacio para llevar conductos a cada habitación.
Por eso, plantear un recuperador en un piso es, sobre todo, un problema de encaje físico: hay que elegir una solución que conviva con la falta de sitio para conductos. La buena noticia es que existen dos caminos pensados precisamente para eso, y la reforma es el momento ideal para decidir, porque es cuando se pueden hacer las cosas (bajar techos, abrir un paso en fachada) sin un sobrecoste de obra añadido. Veamos las dos opciones.
Opción 1: recuperadores de pared, sin conductos
La primera vía elimina el problema de raíz: no usa conductos. Son recuperadores descentralizados que se instalan en el muro de fachada de cada estancia, normalmente con un núcleo cerámico que acumula el calor. Funcionan en flujo alterno: durante unos segundos el ventilador extrae el aire del interior y carga de calor el núcleo cerámico; luego invierte el sentido y mete aire del exterior, que se templa al pasar por ese núcleo caliente. Para que entre y salga aire de forma equilibrada, se suelen instalar por pares, de modo que mientras uno extrae, el otro impulsa.
La gran ventaja para un piso es la instalación: basta con un taladro pasante en la fachada para cada equipo, sin abrir rozas para conductos ni bajar techos. Es la opción cuando no se puede tocar el techo o cuando solo quieres ventilar bien algunas estancias (dormitorios, salón). Como contrapartida, son varios equipos repartidos por la casa en lugar de uno solo. Si quieres la comparativa de fondo entre esta filosofía y la centralizada, la tienes en recuperador centralizado o por estancia; aquí lo que nos interesa es que, en un piso sin sitio para conductos, esta opción casi siempre cabe.

Opción 2: un compacto centralizado con red mínima en el falso techo
La segunda vía sí usa conductos, pero los reduce al mínimo y los esconde. Consiste en un equipo de doble flujo compacto y extraplano, que se oculta en el falso techo del pasillo o de los baños, con una red de conductos corta que reparte el aire a las estancias principales. La clave es aprovechar que en una reforma ya se suele bajar el techo de las zonas húmedas y el pasillo: ese hueco es justo donde caben el equipo y los conductos, sin robar altura a las habitaciones donde sí importa.
El condicionante decisivo aquí es la altura libre: hay que comprobar que la reforma deja espacio suficiente para el equipo (los compactos rondan unas decenas de centímetros de alto) más el conducto que va por encima. Si esa altura existe, esta opción suele dar un resultado muy equilibrado y silencioso, con un solo equipo a mantener. Si el techo no da, se vuelve a la opción de los recuperadores de pared. Por eso insistimos en lo mismo: estas decisiones se toman al planificar la reforma, no después, cuando el falso techo ya está cerrado.
Cuál encaja en tu piso y qué tener en cuenta
La elección, en la práctica, la marca tu piso: si la reforma va a dejar falso techo con altura en el pasillo, el compacto centralizado con red mínima suele ser la opción más redonda; si no se puede tocar el techo o solo quieres resolver ventilación en estancias concretas, los recuperadores de pared son la respuesta. En ambos casos, hablamos de doble flujo con recuperación de calor, con rendimientos de recuperación que se citan en rangos del orden del 75 al 95 % (orientativo, según el equipo). La ventilación mecánica es, además, lo que permite cumplir las exigencias de renovación de aire del CTE DB-HS3 en una vivienda hermética, y el RITE marca los caudales y calidades del aire.
Dos apuntes para no llevarte sorpresas: cualquiera de las dos opciones tiene mantenimiento (sobre todo cambiar filtros, que vemos en mantenimiento del recuperador) y conviene cuidar el diseño para que sea silenciosa, algo que tratamos en ruido de un recuperador. Pero la idea central es la de partida: en un piso, el recuperador no se descarta por falta de conductos, se adapta. Y el mejor momento para hacerlo es ahora, durante la reforma.

Preguntas frecuentes
¿Se puede poner un recuperador de calor en un piso sin conductos?
Sí. La solución para un piso donde no se pueden pasar conductos por toda la vivienda son los recuperadores descentralizados de pared: equipos que se instalan en el muro de fachada de cada estancia, con un núcleo cerámico que recupera el calor, y que solo necesitan un taladro pasante en la fachada, sin rozas ni falsos techos. Funcionan por pares en flujo alterno (mientras uno extrae aire, el otro impulsa). Es la opción cuando no se puede tocar el techo o cuando quieres ventilar bien solo algunas estancias, como los dormitorios o el salón.
¿Cuánta altura de falso techo necesito para un recuperador centralizado?
La suficiente para alojar el equipo más el conducto que va por encima. Los recuperadores compactos extraplanos pensados para ocultarse en falso techo rondan unas decenas de centímetros de alto, y hay que sumarles el espacio del conducto. Por eso la opción centralizada con red mínima encaja cuando la reforma ya va a bajar el techo del pasillo o los baños y deja ese hueco disponible. Si el techo no da esa altura, lo razonable es recurrir a recuperadores de pared, que no necesitan conductos. Conviene comprobar la altura libre real antes de decidir, durante el diseño de la reforma.
¿Por qué la reforma es el mejor momento para instalarlo?
Porque es cuando se pueden hacer las cosas sin un sobrecoste de obra añadido. Durante una reforma ya se bajan techos, se abren paredes y se accede a la fachada, así que integrar el equipo y los conductos (o el paso en fachada de los recuperadores de pared) sale natural y queda oculto. Hacerlo después, con la vivienda terminada, obliga a volver a abrir el falso techo o a renunciar a la opción centralizada. Por eso la decisión de poner ventilación con recuperación de calor conviene tomarla al planificar la reforma, no cuando ya está cerrada.
¿Merece la pena un recuperador de calor en un piso pequeño?
Puede merecer la pena, porque el beneficio no es de tamaño sino de calidad del aire y confort: renuevas el aire (controlas la humedad, el CO2 y los olores) sin tirar por la ventana el calor que has pagado, gracias a que el intercambiador recupera buena parte de ese calor (en rangos orientativos del 75 al 95 % según el equipo). En un piso pequeño, además, los recorridos son cortos y a veces basta con uno o dos recuperadores de pared en las estancias principales. La decisión depende de tu caso: del nivel de hermeticidad de la vivienda tras la reforma y de tus prioridades de confort.
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