Los conductos: la «fontanería» del doble flujo
Cuando se piensa en un sistema de ventilación de doble flujo, la atención se va al recuperador de calor (la máquina). Pero los conductos que reparten el aire por la casa son tan determinantes como ella: son la red por la que viaja el aire fresco hacia las habitaciones y el aire viciado hacia el exterior, y su elección afecta directamente a tres cosas que se notan a diario: el ruido (un conducto mal elegido silba o transmite ruido entre estancias), la higiene (un interior rugoso retiene polvo) y el mantenimiento (lo difícil o fácil que será limpiarlos). Damos por sabido qué es el doble flujo; si no, lo tienes en VMC de simple o doble flujo.
La idea de fondo es sencilla: un buen recuperador con malos conductos da un mal sistema. Por eso conviene conocer los tres tipos de conducto que existen y cuándo se usa cada uno, además de la regla básica para dimensionar su diámetro. No hace falta ser técnico para entenderlo, y te ayuda a interpretar lo que te ofrecen en un presupuesto.
Rígido, flexible y semirrígido: cuál es cuál
El conducto rígido es el tubo clásico de chapa galvanizada o de PVC: tiene la pared interior lisa, lo que le da dos ventajas importantes, poca pérdida de presión (el aire circula sin rozamiento) y buena higiene (es liso y limpiable). Su pega es que ocupa más espacio y su montaje es más laborioso (codos, accesorios). El conducto flexible es el tubo corrugado (de aluminio o plástico) que se amolda a cualquier recorrido: es barato y muy fácil de instalar, pero su interior corrugado es justo su problema, porque genera más pérdida de carga y más ruido, retiene polvo y es difícil de limpiar. Por eso lo razonable es reservarlo solo para tramos cortos de conexión, no para la red principal.
El conducto semirrígido es el estándar moderno del doble flujo residencial, y combina lo mejor de los dos: por fuera es flexible (corrugado, fácil de enrutar por la casa) pero por dentro tiene la pared lisa, a menudo con un tratamiento antibacteriano y antiestático que reduce la adherencia de polvo. Suelen ser tubos de menor diámetro que se conectan a una caja de distribución (el plenum o colector) desde la que sale un tubo independiente a cada estancia, en lo que se llama esquema en estrella. Esa configuración equilibra los caudales y reduce la transmisión de ruido entre habitaciones. La tabla resume las diferencias.
| Tipo | Interior | Ruido y pérdida | Higiene | Uso típico |
|---|---|---|---|---|
| Rígido (chapa / PVC) | Liso | Bajos | Buena (limpiable) | Tramos principales, colectores |
| Flexible (corrugado) | Corrugado | Altos | Mala (retiene polvo) | Solo tramos cortos de conexión |
| Semirrígido | Liso + antibacteriano | Bajos | Buena | Estándar en vivienda (a un plenum, en estrella) |
El semirrígido domina hoy la vivienda residencial por su equilibrio entre facilidad de montaje, higiene y bajo ruido.

El diámetro: caudal a velocidad baja
Elegido el tipo, queda el diámetro (la sección del conducto), y aquí hay una regla que resulta contraintuitiva: el conducto se dimensiona por el caudal de aire que tiene que llevar, pero manteniendo la velocidad del aire baja. ¿Por qué baja? Porque cuando el aire circula rápido por un conducto, hace ruido (el típico silbido o zumbido de la ventilación) y pierde presión, lo que obliga al equipo a esforzarse más. Si el aire va despacio, el sistema es silencioso y eficiente. La normativa de ventilación (el CTE DB-HS3) marca una velocidad máxima orientativa en torno a los 4 m/s, y en la práctica residencial se trabaja por debajo para garantizar el silencio.
La consecuencia práctica es clara: a más caudal que mover, o cuanto más despacio se quiera que vaya el aire, mayor tiene que ser la sección del conducto. Dicho de otro modo, un conducto generoso es un conducto silencioso. El caudal que necesita cada estancia (el dato de partida para todo este cálculo) no lo desarrollamos aquí porque tiene su propio artículo: lo tienes en el caudal de ventilación por estancia. Con ese caudal y la velocidad máxima admisible, el técnico determina el diámetro de cada tramo.
Aislamiento y mantenimiento de los conductos
Hay un detalle que marca la diferencia entre una instalación bien hecha y una que da problemas: el aislamiento de los conductos que cruzan zonas frías. Cuando un conducto transporta aire a una temperatura distinta de la del local que atraviesa (por ejemplo, aire templado por un bajocubierta frío, o aire fresco de impulsión por una zona caliente), en sus paredes puede formarse condensación, con el riesgo de humedades y goteos, además de pérdidas de calor que restan eficiencia a todo el sistema de recuperación. Por eso esos tramos se aíslan térmicamente, igual que se aísla una tubería de calefacción.
Por último, la higiene a largo plazo depende del mantenimiento de los conductos. Aquí el tipo elegido vuelve a importar: un interior liso (rígido o semirrígido) se mantiene limpio con mucha más facilidad que un corrugado que retiene polvo. La limpieza periódica de la red es lo que garantiza que el aire que respiras siga siendo limpio con los años, pero ese tema (cada cuánto y cómo limpiar) merece su propio espacio y lo trataremos aparte. Para ver el conjunto del sistema y cuándo conviene, tienes doble flujo en obra nueva o reforma y el pilar de recuperador de calor.

Preguntas frecuentes
¿Qué tipos de conductos se usan en un sistema de doble flujo?
Hay tres tipos. El conducto rígido (chapa galvanizada o PVC) tiene la pared interior lisa, lo que le da poca pérdida de presión y buena higiene, pero ocupa más espacio y es más laborioso de montar; se usa en tramos principales. El conducto flexible (corrugado) es barato y fácil de instalar, pero su interior corrugado genera más ruido y pérdida y retiene polvo, así que se reserva para tramos cortos de conexión. Y el conducto semirrígido es el estándar moderno en vivienda: por fuera es flexible para enrutarlo y por dentro liso (a menudo con tratamiento antibacteriano), y se conecta a una caja de distribución (plenum) en esquema de estrella, lo que equilibra caudales y reduce el ruido entre estancias.
¿Por qué se recomienda el conducto semirrígido en las viviendas?
Porque combina lo mejor de los otros dos tipos. Por fuera es flexible y corrugado, lo que permite enrutarlo con facilidad por la casa sin tantos codos ni accesorios; pero por dentro tiene la pared lisa, a menudo con un tratamiento antibacteriano y antiestático que reduce la adherencia de polvo. Eso le da baja pérdida de carga, bajo ruido y buena higiene, las ventajas del rígido, con la facilidad de montaje del flexible. Además, suele instalarse conectando tubos individuales a una caja de distribución (el plenum) desde la que sale un conducto independiente a cada estancia (esquema en estrella), lo que equilibra los caudales y evita que el ruido se transmita de una habitación a otra. Por eso domina hoy la vivienda residencial.
¿De qué diámetro tienen que ser los conductos de ventilación?
El diámetro se dimensiona por el caudal de aire que debe llevar cada tramo, manteniendo la velocidad del aire baja. La razón es que, cuando el aire circula rápido, hace ruido y pierde presión, obligando al equipo a esforzarse más; si va despacio, el sistema es silencioso y eficiente. La normativa de ventilación (el CTE DB-HS3) fija una velocidad máxima orientativa en torno a los 4 m/s, y en vivienda se suele trabajar por debajo. La consecuencia es que, a más caudal o cuanto más despacio se quiera el aire, mayor debe ser la sección: un conducto generoso es un conducto silencioso. El cálculo concreto lo hace el técnico a partir del caudal de cada estancia y esa velocidad máxima admisible.
¿Hay que aislar los conductos de ventilación?
Sí, al menos los que cruzan zonas frías o transportan aire a una temperatura distinta de la del local que atraviesan. Cuando eso ocurre (por ejemplo, un conducto de aire templado pasando por un bajocubierta frío), en sus paredes puede formarse condensación, con riesgo de humedades y goteos, además de pérdidas de calor que restan eficiencia a la recuperación de todo el sistema. Por eso esos tramos se aíslan térmicamente, igual que se hace con una tubería de calefacción. Aislar bien los conductos evita problemas de humedad y asegura que el calor que el recuperador se esfuerza en conservar no se pierda por el camino. Es un detalle que distingue una instalación bien ejecutada de una que da problemas.
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