Qué son las bocas (los puntos finales del sistema)
En una vivienda con ventilación mecánica (como un sistema de doble flujo con recuperador de calor), el aire viaja por una red de conductos, pero en algún punto tiene que entrar y salir de cada habitación. Esos puntos son las bocas: pequeños elementos, normalmente circulares, que se ven en el techo o la pared de cada estancia y que conectan el conducto con la habitación. Hay de dos clases según su función: las bocas de impulsión, por donde entra el aire fresco (filtrado y atemperado por el recuperador), y las bocas de extracción, por donde se aspira el aire viciado para sacarlo de la vivienda.
Aunque parezcan un simple detalle, las bocas son una pieza importante del sistema: de su tipo y, sobre todo, de su ubicación depende que la ventilación reparta bien el aire, sin corrientes molestas ni ruido. Son el último eslabón entre la máquina y el aire que respiras. No hay que confundirlas con los conductos (los tubos que llevan el aire de un sitio a otro), que tienen su propio papel y que vemos en los conductos de ventilación de doble flujo: la boca es el punto de entrada o salida; el conducto, el camino.
La lógica seco→húmedo: el barrido del aire
Aquí está la idea que casi nadie explica y que da sentido a toda la instalación: dónde va cada tipo de boca no es aleatorio. Las bocas de impulsión (aire fresco) se colocan en las estancias secas, que son donde se vive y se respira: el salón, el comedor, los dormitorios, el despacho. Las bocas de extracción (aire viciado) se colocan en las estancias húmedas, que son donde se generan humedad y olores: el baño, la cocina, el lavadero. De este modo, el aire limpio entra por donde estás y es aspirado por donde se ensucia.
El efecto de colocarlas así es un barrido: el aire fresco entra en las habitaciones donde pasas el tiempo, las cruza recogiendo a su paso la humedad y los olores, y sale por las estancias húmedas. La vivienda se ventila siguiendo un recorrido coherente, de lo limpio a lo sucio, en lugar de mezclarlo todo. Esta lógica seco→húmedo viene marcada por la normativa de ventilación (el CTE DB-HS3), que explicamos en el CTE DB-HS3. Para que el barrido funcione, el aire tiene que poder pasar de una estancia a otra: por eso se dejan unas aberturas de paso, normalmente un pequeño rebaje en la parte inferior de las puertas, que permiten que el aire circule de las habitaciones secas hacia las húmedas.

Tipos de boca: difusor, rejilla y válvula
No todas las bocas son iguales, y el tipo elegido influye en el confort. El difusor es la boca pensada para impulsar aire fresco repartiéndolo de forma uniforme por la estancia: su diseño hace que el aire se difunda suavemente, sin crear una corriente molesta ni «soplar» directamente sobre las personas. Es la opción habitual para la impulsión en salones y dormitorios, donde el confort importa. La rejilla y la válvula circular son bocas más sencillas, que se usan sobre todo para la extracción del aire viciado (donde no importa tanto la difusión, porque el aire se está sacando) o para una circulación más básica.
Más allá del tipo, hay dos detalles prácticos que marcan una buena instalación. El primero es la ubicación: la boca debe colocarse de forma que favorezca el barrido de la estancia y que no descargue el aire directamente sobre las personas (por ejemplo, no justo encima del sofá o de la cama). El segundo es que muchas bocas son regulables: permiten ajustar el caudal de aire que entra o sale (girando el plato o el mecanismo), lo que sirve para equilibrar la instalación, es decir, para repartir bien el aire entre todas las estancias y evitar que unas reciban de más y otras de menos. Ese caudal por estancia, que la boca entrega y regula, es un tema en sí mismo que vemos en el caudal de ventilación por estancia.
Limpieza y mantenimiento de las bocas
Un último aspecto, a menudo olvidado pero importante para la higiene: las bocas deben poder desmontarse para limpiarlas. Con el uso, en las bocas (sobre todo en las de extracción del baño y la cocina) se acumula polvo y grasa, que reducen el paso del aire y ensucian lo que entra o sale. Por eso las bocas bien diseñadas son registrables: se quitan con un gesto (muchas se desenroscan o se extraen a presión), se limpian con un paño y detergente común, y se vuelven a colocar. Su superficie lisa facilita esa limpieza. Es un mantenimiento sencillo que conviene hacer de vez en cuando para que el aire que respiras siga siendo limpio.
En resumen, las bocas no son un acabado estético, sino la pieza que hace que la ventilación llegue bien a cada rincón: su tipo (difusor para impulsar sin corriente, rejilla o válvula para extraer), su ubicación (impulsión en secas, extracción en húmedas, sin soplar a las personas), su regulación (para equilibrar caudales) y su limpieza determinan, en buena medida, si vives en una casa bien ventilada, silenciosa y sana. Para ver el conjunto del sistema de ventilación y cuándo conviene, tienes el pilar de recuperador de calor.

Preguntas frecuentes
¿Dónde se colocan las bocas de impulsión y de extracción?
Siguen una lógica de seco a húmedo. Las bocas de impulsión, por donde entra el aire fresco, se colocan en las estancias secas donde se vive y se respira: el salón, el comedor, los dormitorios, el despacho. Las bocas de extracción, por donde se aspira el aire viciado, se colocan en las estancias húmedas donde se generan humedad y olores: el baño, la cocina, el lavadero. De este modo, el aire limpio entra por donde estás, cruza la vivienda recogiendo la humedad y los olores, y sale por las zonas húmedas, creando un barrido coherente de toda la casa. Para que ese recorrido funcione, el aire debe poder pasar de una estancia a otra, normalmente por un pequeño rebaje en la parte inferior de las puertas (las aberturas de paso).
¿Qué diferencia hay entre un difusor y una rejilla de ventilación?
Se diferencian en cómo tratan el aire y en para qué se usan. El difusor está pensado para impulsar el aire fresco repartiéndolo de forma uniforme y suave por la estancia, sin crear una corriente molesta ni soplar directamente sobre las personas; por eso es la boca habitual para la impulsión en salones y dormitorios, donde el confort importa. La rejilla y la válvula circular son bocas más sencillas, que se usan sobre todo para la extracción del aire viciado (donde la difusión no es tan importante porque el aire se está sacando) o para una circulación más básica. En resumen: difusor para impulsar con confort, rejilla o válvula para extraer. El tipo adecuado de cada boca depende de su función (impulsión o extracción) y de la estancia.
¿Por qué hay que dejar un hueco bajo las puertas con ventilación mecánica?
Porque ese hueco (las llamadas aberturas de paso) es lo que permite que el aire complete su recorrido por la vivienda. En un sistema bien diseñado, el aire fresco entra por las estancias secas (salón, dormitorios) y debe poder cruzar hacia las húmedas (baño, cocina), donde se extrae. Si las puertas cerraran herméticamente, el aire no podría pasar de una habitación a otra y el barrido se interrumpiría. Por eso se deja un pequeño rebaje en la parte inferior de las puertas (o se usan rejillas de transferencia), que permite que el aire circule de lo seco a lo húmedo manteniendo las puertas cerradas. Es una pieza discreta pero esencial: sin ella, la ventilación no recorrería bien toda la casa.
¿Se pueden limpiar las bocas de ventilación?
Sí, y conviene hacerlo de vez en cuando. Las bocas bien diseñadas son registrables, es decir, se pueden desmontar fácilmente para limpiarlas: muchas se desenroscan o se extraen a presión con un simple gesto. Con el uso, sobre todo en las bocas de extracción del baño y la cocina, se acumulan polvo y grasa que reducen el paso del aire y ensucian lo que entra o sale, así que limpiarlas mantiene el sistema eficiente y el aire sano. Basta con quitarlas, limpiarlas con un paño y detergente común (su superficie lisa lo facilita) y volver a colocarlas en la misma posición (importante, porque muchas están reguladas a un caudal concreto). Es un mantenimiento sencillo que ayuda a que la ventilación siga funcionando bien con los años.
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Los tubos que llevan el aire hasta las bocas.
Cuánto aire entrega o regula cada boca.
La norma de la que sale la regla seco-húmedo.
