Qué es la ventilación por demanda
Un recuperador de calor convencional funciona a caudal constante: ventila la casa a un ritmo fijo durante todo el día, haya cinco personas en el salón o no haya nadie. Es sencillo y cumple su función, pero tiene una ineficiencia evidente: cuando la casa está vacía, sigue ventilando (y, en invierno, perdiendo algo de calor) sin necesidad. La ventilación por demanda, conocida también por sus siglas DCV (del inglés Demand Controlled Ventilation, ventilación controlada por demanda), resuelve esto: en lugar de ventilar siempre igual, mide la calidad del aire en tiempo real y ajusta el caudal a lo que de verdad hace falta en cada momento.
Dicho de forma sencilla, es darle a la casa el aire que necesita, cuando y donde lo necesita, de forma automática. El sistema ventila más cuando detecta que el aire empeora (porque hay gente generando CO2 y humedad) y baja a mínimos cuando la casa está vacía o poco ocupada. El resultado es un equilibrio: mantienes el aire sano sin malgastar energía ventilando de más. La normativa de ventilación de viviendas (el CTE, en su documento HS3 de salubridad) contempla precisamente esta opción, al admitir que el caudal pueda ser constante o variable, controlado mediante detectores de presencia o de contaminantes.
Por qué el sensor de CO2: mide cuánta gente hay
El protagonista de la ventilación por demanda en los locales secos (salón, dormitorios) suele ser el sensor de CO2, y la razón es elegante: el CO2 es un excelente indicador de cuánta gente hay en una estancia. Las personas exhalamos dióxido de carbono al respirar, así que su concentración en el aire sube cuando hay más gente o más actividad, y baja cuando la estancia se vacía. El sensor, por tanto, no mide directamente "cuántas personas hay", pero el CO2 funciona como un fiel reflejo de la ocupación. Un salón con visitas o un dormitorio ocupado de noche tendrán el CO2 alto; una habitación vacía, bajo.
Con ese dato, el sistema actúa: cuando el CO2 sube, aumenta el caudal de ventilación para renovar el aire y bajarlo; cuando el CO2 está bajo, reduce el caudal a mínimos. Así, la ventilación sigue a la ocupación real de la casa de forma automática. La escala de niveles de CO2 y qué significa cada cifra la tienes en nivel de CO2 en casa saludable, y el caso concreto del dormitorio de noche, en ventilación del dormitorio y el sueño; aquí lo importante es que el CO2 es la señal que dispara más o menos ventilación. Un apunte para no confundir: el sensor de CO2 (dióxido de carbono, calidad del aire) no es lo mismo que un detector de CO (monóxido de carbono), que es un dispositivo de seguridad para garajes y calderas; son cosas distintas.

CO2 o humedad: dos formas de regular
El sensor de CO2 no es la única forma de hacer ventilación por demanda; hay una alternativa más básica y extendida, la regulación por humedad (los sistemas higrorregulables). En lugar de medir el CO2, estos sistemas miden la humedad del aire, y suben el caudal cuando esta aumenta. Tiene mucho sentido en los locales húmedos (baño, cocina): cuando te duchas o cocinas, la humedad se dispara y el sistema ventila más justo cuando hace falta. Es una solución más sencilla y económica, y cumple la normativa.
La diferencia es importante para no confundirlos: la humedad es un buen indicador para los locales húmedos, pero no detecta la ocupación de un salón o un dormitorio (puedes tener el salón lleno de gente con la humedad normal). Para eso, el sensor de CO2 es el que da un control real frente a las personas. Por eso, los sistemas más completos combinan ambos: humedad en cocina y baños, CO2 en las zonas de estar y los dormitorios. No son equivalentes: el higrorregulable es más básico y barato; el de CO2 controla la ventilación según la gente que hay. La distribución de caudales por estancia que marca la norma la vemos en caudal de ventilación por estancia.
El ahorro y cuándo merece la pena (honestidad)
La ventaja principal de la ventilación por demanda es el ahorro de energía, y conviene explicarlo bien sin inflar cifras. Al no ventilar de más cuando no hace falta, el sistema reduce dos cosas: el consumo eléctrico de los ventiladores (que trabajan menos) y la pérdida de calor del aire que se expulsa en invierno (porque se renueva menos aire del estrictamente necesario). Es decir, evita el desperdicio de sobreventilar una casa vacía. El ahorro potencial es real, pero depende mucho de cada vivienda y de su uso, así que conviene tomarlo como un beneficio en función del caso, no como un porcentaje fijo garantizado. El consumo de los ventiladores lo vemos en consumo del recuperador.
Y aquí la honestidad: la ventilación por demanda es un extra opcional, no el sistema básico. Un recuperador de caudal constante ya ventila bien y cumple la normativa; la ventilación por demanda añade sensores y electrónica (más coste y algo más de complejidad). ¿Cuándo merece la pena? Sobre todo cuando la ocupación de la casa es variable: una vivienda que se queda vacía muchas horas (trabajo fuera), dormitorios que solo se usan de noche, una segunda residencia de uso intermitente. Ahí el sistema ahorra de verdad bajando a mínimos cuando no hay nadie. Si la casa está siempre ocupada por igual, el margen de ahorro es menor. Un matiz técnico final: la ventilación por demanda modula sobre un buen diseño de caudales, no lo sustituye; los caudales mínimos por estancia hay que dimensionarlos bien igual. Para el conjunto de la ventilación de la vivienda, tienes el pilar de recuperador de calor.

Preguntas frecuentes
¿Qué es la ventilación por demanda (DCV)?
Es un sistema de ventilación que ajusta el caudal de aire en tiempo real según lo que de verdad hace falta, en lugar de ventilar siempre al mismo ritmo. Sus siglas, DCV, vienen del inglés Demand Controlled Ventilation (ventilación controlada por demanda). Funciona con sensores que miden la calidad del aire (sobre todo el CO2, y también la humedad): cuando detectan que el aire empeora porque hay gente en casa, el sistema sube el caudal para renovarlo; cuando la casa está vacía o poco ocupada, lo baja a mínimos. Así se mantiene el aire sano sin malgastar energía ventilando de más. Un recuperador de calor convencional ventila a caudal constante (siempre igual), mientras que la ventilación por demanda adapta ese caudal a la ocupación y la actividad reales. La normativa española de ventilación de viviendas (el CTE DB-HS3) contempla esta opción, al admitir tanto el caudal constante como el variable controlado por detectores de presencia o de contaminantes. Es un extra opcional sobre el recuperador básico.
¿Cómo regula el caudal un sensor de CO2?
A través de una cadena de control sencilla: el sensor mide, una centralita decide y el sistema actúa. El sensor de CO2, colocado en una estancia, mide en tiempo real la concentración de dióxido de carbono del aire. Ese dato llega a la unidad de control (la centralita) del recuperador, que lo interpreta: si el CO2 está alto, ordena aumentar el caudal de ventilación para renovar el aire; si está bajo, lo reduce a mínimos. La regulación puede hacerse subiendo o bajando la velocidad de los ventiladores del recuperador, o abriendo y cerrando compuertas motorizadas que reparten más aire a las zonas que lo necesitan. Muchos recuperadores incorporan una entrada para conectar este tipo de sensores externos. El resultado es que la ventilación sigue automáticamente a la ocupación de la casa: más aire donde y cuando hay gente, menos donde no la hay. El sensor de CO2 funciona porque las personas exhalan CO2, así que su nivel refleja cuánta gente hay en cada estancia.
¿Es mejor un sensor de CO2 o uno de humedad para la ventilación?
Depende de la estancia, y los sistemas más completos usan ambos. El sensor de humedad (los sistemas higrorregulables) mide la humedad del aire y ventila más cuando esta sube; es ideal para los locales húmedos como la cocina y el baño, donde la humedad se dispara al cocinar o ducharse, y es una solución más sencilla y económica. El sensor de CO2 mide el dióxido de carbono, que refleja la ocupación, y es el adecuado para los locales secos como el salón y los dormitorios, donde lo que cambia es la cantidad de gente, no tanto la humedad. La diferencia clave es que la humedad no detecta la ocupación: puedes tener el salón lleno de personas con la humedad normal, y un sistema solo higrorregulable no lo notaría. Por eso, para controlar la ventilación según la gente que hay, el CO2 da un control más real. No son equivalentes: el higrorregulable es más básico y barato; el de CO2, más completo para las zonas de estar. Lo ideal suele ser combinarlos según el tipo de local.
¿Cuándo merece la pena la ventilación por demanda?
Sobre todo cuando la ocupación de la casa es variable, porque es ahí donde el sistema ahorra de verdad al bajar a mínimos cuando no hay nadie. Tiene mucho sentido en una vivienda que se queda vacía muchas horas al día (por trabajo fuera de casa), en dormitorios que solo se usan de noche, o en una segunda residencia de uso intermitente. En esos casos, ventilar por demanda evita el desperdicio de renovar el aire de una casa vacía, reduciendo el consumo de los ventiladores y la pérdida de calor en invierno, sin renunciar a un aire sano cuando hay gente. En cambio, si la casa está prácticamente siempre ocupada por igual, el margen de ahorro es menor, porque el sistema estaría casi siempre ventilando a tope de todos modos. Hay que tener en cuenta que la ventilación por demanda es un extra opcional: añade sensores y electrónica (más coste) sobre un recuperador básico que ya ventila bien a caudal constante. Por eso conviene valorar, según el uso de cada vivienda, si ese sobrecoste se compensa con el ahorro y el confort que aporta.
Guías relacionadas
Qué es y cómo ventila tu vivienda recuperando calor.
La escala de ppm y qué significa cada nivel.
El CO2 nocturno, donde más se nota la ocupación.
Lo que gastan los ventiladores, que la demanda reduce.
