Qué significa el porcentaje de rendimiento
Un recuperador de calor (la pieza central de una ventilación de doble flujo) hace algo muy concreto: extrae el aire viciado de la casa e impulsa aire fresco del exterior, pero antes de tirar el aire que sale, le "roba" su calor y se lo pasa al aire que entra, sin que las dos corrientes se mezclen. El rendimiento (o eficiencia) es justo eso: el porcentaje del calor del aire que sale que el equipo consigue transferir al aire que entra. Un rendimiento del 90% significa que, de todo el calor que llevaba el aire viciado, el aire fresco recupera el 90%, y solo se pierde el 10%.
Dicho de otra forma: es la medida de cuánto calor "rescatas" del aire que ibas a tirar de todos modos al ventilar. Cuanto más alto es el rendimiento, más templado entra el aire nuevo y menos se enfría la casa al renovar el aire. Por eso este número es el corazón de un recuperador: es lo que hace que puedas ventilar en invierno sin perder apenas calor, a diferencia de abrir una ventana. Que solo el doble flujo recupera (el simple flujo no) lo vemos en VMC de simple o doble flujo.
El 75-95% y de qué depende
El rango habitual que verás anunciado en un buen recuperador es del 75 al 95%, y depende sobre todo del tipo de intercambiador, que es la pieza donde se cruzan las dos corrientes de aire. Los intercambiadores de flujo cruzado (los más sencillos, de placas) suelen moverse en la parte baja-media del rango; los de contracorriente o flujo a contracorriente, donde las corrientes recorren más camino juntas, alcanzan los valores más altos, en torno al 90%. Hay un mínimo legal: la normativa europea de ecodiseño exige a estos equipos un rendimiento mínimo (del orden del 73%), así que cualquier equipo nuevo en el mercado parte de una base razonable.
El método para medir y declarar ese rendimiento está normalizado (la norma de referencia es la EN 308, y la etiqueta de ecodiseño ErP da el marco), lo que en teoría permite comparar equipos con la misma vara. Pero aquí aparece el primer matiz importante: ese porcentaje del catálogo es un valor nominal, obtenido en condiciones de ensayo estándar. El rendimiento real que obtendrás en tu casa puede ser algo menor, porque depende de las condiciones reales de funcionamiento, y en particular de tres cosas que el número del folleto no refleja.

Los matices que el folleto no cuenta
El primer matiz es que el rendimiento real depende de cómo esté funcionando la instalación, no solo del equipo. Influyen los caudales de aire (a qué velocidad mueve el aire) y, sobre todo, que estén equilibrados (que entre tanto aire como sale); y, muy importante, el estado de los filtros: un recuperador con los filtros sucios pierde rendimiento de forma notable sin que el usuario lo note, porque el aire pasa con dificultad. Por eso mantener los filtros limpios no es solo higiene, es conservar el rendimiento; lo vemos en mantenimiento del recuperador.
El segundo matiz es que ese porcentaje suele referirse solo al calor sensible (la temperatura). Los recuperadores entálpicos recuperan además parte de la humedad (el calor latente), que es otra cifra distinta; la diferencia la vemos en recuperador entálpico o sensible. Y el tercer matiz, el más olvidado: un rendimiento alto no lo es todo. El recuperador necesita unos ventiladores para mover el aire, y esos ventiladores consumen electricidad. Un equipo con un 90% de rendimiento pero con ventiladores que gastan mucho puede salir peor, en balance neto, que uno con un 85% y ventiladores eficientes. Por eso el consumo importa tanto como el rendimiento, y lo tratamos en consumo del recuperador.
Cómo usar el dato del rendimiento con cabeza
Con todo lo anterior, ¿cómo interpretar el rendimiento al elegir o comparar recuperadores? Primero, fíate del rendimiento certificado (medido según la norma EN 308 y la etiqueta de ecodiseño ErP), no del número más alto que aparezca en un folleto sin más, porque solo los datos certificados son comparables con la misma vara. Segundo, no mires solo el porcentaje: compara también el consumo de los ventiladores, para quedarte con el equipo que mejor balance ofrezca, no simplemente con la cifra de rendimiento más vistosa. Y tercero, recuerda que el dato es nominal: el real dependerá de una buena instalación (caudales equilibrados) y de tu constancia con los filtros.
En la práctica, un recuperador con un rendimiento del 75-95% certificado, bien instalado y con los filtros al día, hace exactamente lo que promete: ventilar tu casa renovando el aire sin tirar el calor, que es el gran motivo para tener uno. El porcentaje te dice cuánto de ese calor recuperas; los matices te dicen que el número solo se cumple si el equipo está bien elegido y mantenido. Para el conjunto de la ventilación de la vivienda, tienes el pilar de recuperador de calor.

Preguntas frecuentes
¿Qué significa el rendimiento de un recuperador de calor?
Es el porcentaje del calor del aire que sale de tu casa que el recuperador consigue transferir al aire fresco que entra, sin que las dos corrientes se mezclen. Un recuperador extrae el aire viciado de la vivienda e impulsa aire nuevo del exterior, pero antes de expulsar el aire que sale, le aprovecha el calor y se lo pasa al que entra. Un rendimiento del 90% significa que el aire fresco recupera el 90% del calor que llevaba el aire viciado, y solo se pierde el 10%. Dicho de otra forma, mide cuánto calor "rescatas" del aire que ibas a tirar de todos modos al ventilar. Cuanto más alto es el rendimiento, más templado entra el aire nuevo y menos se enfría la casa al renovar el aire. Por eso es la cifra clave de un recuperador: es lo que permite ventilar en invierno sin perder apenas calor, a diferencia de abrir una ventana, que deja escapar todo el calor con el aire.
¿Qué rendimiento tiene un buen recuperador de calor?
El rango habitual de un buen recuperador es del 75 al 95%, y depende sobre todo del tipo de intercambiador. Los intercambiadores de flujo cruzado (de placas, los más sencillos) suelen quedarse en la parte baja-media del rango; los de contracorriente, donde las corrientes de aire recorren más camino juntas intercambiando calor, alcanzan los valores más altos, en torno al 90%. Hay un mínimo legal: la normativa europea de ecodiseño exige a estos equipos un rendimiento mínimo (del orden del 73%), así que cualquier recuperador nuevo del mercado parte de una base razonable. Ahora bien, ese porcentaje es un valor nominal, medido en condiciones de ensayo estándar (según la norma EN 308); el rendimiento real en tu casa puede ser algo menor, porque depende de los caudales, de que estén equilibrados y del estado de los filtros. Para comparar equipos con criterio, fíate del rendimiento certificado, no del número más alto de un folleto, y mira también el consumo de los ventiladores.
¿Por qué el rendimiento real es menor que el del catálogo?
Porque el dato del catálogo es nominal, obtenido en condiciones de ensayo estándar y normalizadas, mientras que en tu casa el equipo funciona en condiciones reales que rara vez son las ideales. Tres factores hacen que el rendimiento real baje respecto al nominal. Primero, los caudales de aire y su equilibrio: si no entra tanto aire como sale, o si los caudales no son los previstos, el intercambio de calor no es óptimo. Segundo, y muy importante, el estado de los filtros: un recuperador con los filtros sucios pierde rendimiento de forma notable, porque el aire pasa con dificultad, y además el usuario no suele notarlo. Tercero, la propia instalación (conductos, ajustes) influye en cómo trabaja el equipo. Por eso, aunque elijas un recuperador con un rendimiento certificado alto, obtener ese rendimiento depende de una buena instalación y de mantener los filtros limpios. El número del folleto es el techo en condiciones ideales, no una garantía fija en cualquier circunstancia.
¿Un recuperador con más rendimiento es siempre mejor?
No necesariamente, y este es un matiz que casi nadie cuenta. El rendimiento (el 75-95%) mide cuánto calor recupera el equipo, pero un recuperador también necesita unos ventiladores para mover el aire, y esos ventiladores consumen electricidad. Un equipo con un rendimiento muy alto (por ejemplo, 90%) pero con ventiladores que gastan mucha electricidad puede salir peor, en el balance neto de energía, que otro con algo menos de rendimiento (85%) pero con ventiladores eficientes que consumen poco. Es decir, lo que recuperas por un lado lo puedes estar gastando por el otro. Por eso, al comparar recuperadores, no hay que fijarse solo en el porcentaje de rendimiento, sino también en el consumo de los ventiladores, para quedarse con el equipo que ofrezca el mejor balance global. Además, conviene comparar siempre datos certificados (según la norma de referencia), no las cifras más vistosas de un folleto. Un buen recuperador combina un rendimiento alto con un consumo contenido.
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