Lo que de verdad se desgasta no es el perfil
La gran ventaja de las ventanas de PVC y aluminio frente a las de madera es que el perfil (el marco) es muy estable: no hay que pintarlo ni barnizarlo, y resiste bien el paso del tiempo. El PVC moderno lleva estabilizantes anti-UV que evitan que amarillee, y el aluminio lacado al horno aguanta el sol durante décadas sin perder el acabado. Por eso se venden como ventanas de bajo mantenimiento, y lo son. Pero "bajo mantenimiento" no es "cero mantenimiento", y aquí está la confusión que conviene deshacer.
Lo que sí se desgasta con el uso y el tiempo no es el perfil, sino tres elementos: el herraje (el mecanismo que abre, cierra y hace presión), las juntas de goma perimetrales (esas tiras que sellan entre la hoja y el marco) y los orificios de drenaje (los huecos que evacúan el agua de lluvia). Si descuidas estos tres puntos, la ventana acaba cerrando peor, perdiendo estanqueidad y dejando entrar agua o frío, aunque el perfil esté impecable. Que el herraje sea lo que falla, y no el marco, lo vemos también en vida útil de las ventanas de PVC. La buena noticia es que cuidarlos es sencillo y rápido.
Limpiar el perfil (con lo correcto)
La limpieza del perfil es lo más sencillo, pero hay que hacerla con el producto adecuado para no estropear el acabado. Basta con agua templada y un poco de jabón neutro, aplicado con un paño o esponja suave, y secar después. Esto vale tanto para el PVC como para el aluminio, y con hacerlo cada dos o tres meses (o cuando se vea sucio) es suficiente para mantenerlo bien.
Lo importante es lo que no debes usar: nada de productos abrasivos, estropajos, disolventes, amoníaco fuerte ni ácidos. En el aluminio, esos productos dañan el lacado o el anodizado; en el PVC, rayan la superficie y favorecen que amarillee con el tiempo. Tampoco hacen falta limpiacristales agresivos para el marco: el jabón neutro hace el trabajo sin riesgos. Si tu ventana está en una zona de costa o de mucha contaminación, conviene limpiarla algo más a menudo, porque la sal y la suciedad se acumulan más.

Lubricar el herraje y cuidar las juntas
El herraje es el corazón mecánico de la ventana, y necesita lubricación periódica para que abra y cierre con suavidad y mantenga la presión de cierre (que es la que garantiza el sellado). Una o dos veces al año, aplica un poco de aceite ligero o spray de silicona en las bisagras, los puntos de cierre, la manilla y las guías, y abre y cierra la ventana varias veces para repartirlo. Lo que no debes usar son grasas densas: atraen el polvo y acaban agarrotando el mecanismo, justo lo contrario de lo que buscas. Qué es exactamente el herraje y el cierre multipunto lo vemos en herrajes y cierre multipunto.
Las juntas de goma son las que sellan la ventana, y mantenerlas flexibles es clave para la estanqueidad. Límpialas con un paño húmedo y jabón neutro cuando limpies el perfil, y si notas que se resecan, puedes mantenerlas flexibles con un poco de vaselina neutra o silicona. Lo que nunca hay que hacer es pintarlas ni aplicarles disolventes: las endurece y agrieta. Y cuando una junta ya está dura, deformada o agrietada, no se arregla: hay que reponerla, una tarea sencilla que detallamos para los burletes en cambiar los burletes de las ventanas. Una junta en buen estado es la diferencia entre una ventana que sella y una que deja pasar aire.
Los drenajes y la regulación: dos olvidados importantes
Hay un punto que casi nadie revisa y que es la causa número uno de "entra agua por la ventana": los orificios de drenaje. Los perfiles de PVC y aluminio llevan unos pequeños huecos en la parte baja del marco, pensados para evacuar al exterior el agua de lluvia que entra en el galce. Si esos orificios se atascan con suciedad, polvo u hojas, el agua no tiene por dónde salir y acaba colándose hacia el interior. Revisarlos y despejarlos un par de veces al año (sobre todo en otoño y tras lluvias fuertes) evita ese problema, que mucha gente confunde con un fallo del cristal o del sellado cuando en realidad es un drenaje tapado.
Por último, la regulación: si con el tiempo la hoja empieza a rozar el marco o no cierra del todo bien, no significa que la ventana esté estropeada. El herraje suele permitir ajustar la altura y la posición de la hoja, y la presión de cierre, mediante unos tornillos en las bisagras y los puntos de cierre. Es un ajuste fino que conviene que haga alguien con cierta maña o un profesional, pero que devuelve el cierre correcto sin cambiar nada. En conjunto, esta rutina (limpiar el perfil, lubricar el herraje, cuidar las juntas, despejar los drenajes y regular si hace falta) conserva la estanqueidad de la ventana, y con ella su aislamiento térmico y acústico, alargando bastante su vida útil. Para el conjunto, tienes el pilar de ventanas.
| Tarea | Cada cuánto (orientativo) | Con qué |
|---|---|---|
| Limpiar el perfil | Cada 2-3 meses | Agua templada y jabón neutro, paño suave |
| Lubricar el herraje | 1-2 veces al año | Aceite ligero o spray de silicona (no grasas densas) |
| Limpiar y cuidar las juntas | Al limpiar el perfil | Paño húmedo; vaselina neutra si se resecan |
| Despejar los drenajes | 1-2 veces al año (y tras lluvias) | Limpiar los orificios de la base del marco |
| Regular el herraje | Cuando la hoja roce o no cierre bien | Ajuste con llave en bisagras y puntos de cierre |
Frecuencias orientativas: dependen de la exposición (costa, contaminación, sol directo). Ninguna ventana es de cero mantenimiento de por vida.

Preguntas frecuentes
¿Cada cuánto hay que dar mantenimiento a una ventana de PVC o aluminio?
Con una rutina ligera un par de veces al año es suficiente, ajustándola a la exposición de la ventana. Lo habitual: limpiar el perfil con agua y jabón neutro cada dos o tres meses (o cuando se vea sucio), lubricar el herraje una o dos veces al año, limpiar las juntas de goma cuando limpies el perfil y mantenerlas flexibles si se resecan, y revisar y despejar los orificios de drenaje un par de veces al año, sobre todo en otoño y tras lluvias intensas. Si la hoja empieza a rozar o no cierra bien, conviene regular el herraje. Estas frecuencias son orientativas: en zonas de costa, mucha contaminación o sol directo intenso, conviene limpiar y revisar algo más a menudo. La idea es que, aunque sean ventanas de bajo mantenimiento, no son de cero mantenimiento: unos pocos cuidados periódicos conservan la estanqueidad y alargan su vida.
¿Con qué se limpian las ventanas de PVC y aluminio sin estropearlas?
Con agua templada y un poco de jabón neutro, aplicado con un paño o esponja suave, y secando después. Es válido tanto para el PVC como para el aluminio y es suficiente para mantener el perfil en buen estado. Lo importante es lo que NO debes usar: nada de productos abrasivos, estropajos duros, disolventes, amoníaco fuerte ni ácidos. En el aluminio, esos productos dañan el lacado o el anodizado; en el PVC, rayan la superficie y favorecen el amarilleo con el tiempo. Tampoco conviene abusar de limpiacristales agresivos sobre el marco. Para las juntas de goma, el mismo jabón neutro y, si se resecan, un poco de vaselina neutra o silicona para mantenerlas flexibles, pero nunca pintarlas ni aplicarles disolventes. Con productos suaves y un paño no abrasivo conservas el acabado durante años.
¿Por qué entra agua por mi ventana si el cristal está bien?
La causa más frecuente no es el cristal ni el perfil, sino los orificios de drenaje atascados. Los marcos de PVC y aluminio llevan unos pequeños huecos en la parte baja, pensados para evacuar al exterior el agua de lluvia que se cuela en el galce de la ventana. Si esos orificios se obstruyen con suciedad, polvo u hojas, el agua no encuentra salida y acaba colándose hacia el interior. Mucha gente interpreta esto como un fallo del sellado o del vidrio, cuando en realidad basta con limpiar los drenajes para resolverlo. Por eso conviene revisarlos y despejarlos un par de veces al año, sobre todo en otoño y después de lluvias fuertes. Si tras limpiarlos el agua sigue entrando, entonces sí habría que revisar las juntas de goma (que sellan el perímetro) o la regulación del cierre, pero el drenaje tapado es lo primero que hay que descartar.
¿Necesita más mantenimiento el PVC o el aluminio?
Los dos son materiales de bajo mantenimiento y la rutina es prácticamente la misma: limpiar el perfil con jabón neutro, lubricar el herraje, cuidar las juntas y despejar los drenajes. La diferencia está en el acabado del perfil. El aluminio suele ir lacado al horno o anodizado, acabados muy estables frente al sol que no requieren repintado en décadas; solo hay que evitar productos abrasivos que rayen el lacado. El PVC moderno lleva estabilizantes anti-UV que reducen mucho el amarilleo, aunque un PVC de baja calidad o muy expuesto al sol puede amarillear más con los años; limpiarlo con productos suaves ayuda a conservarlo. En ambos casos, lo que de verdad marca la durabilidad no es el material del perfil, sino el cuidado del herraje y las juntas, que son los elementos que se desgastan con el uso. Así que el mantenimiento importante es muy parecido en los dos.
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