Ventanas

Cambiar los burletes de las ventanas: la mejora más barata

Cambiar los burletes de las ventanas es la mejora más barata y rápida contra el aire frío que se cuela por las juntas. Con los años, la goma se endurece, se agrieta y deja de cerrar bien, así que renovarla por unos pocos euros recupera la estanqueidad y se nota en confort. Eso sí, es un parche honesto: arregla la infiltración por la junta, no un vidrio simple ni un marco deformado.

Actualizado a junio de 2026

Manos colocando una junta de burlete en el marco de una ventana
Qué arregla
Las infiltraciones de aire por la junta de la hoja, no el frío que pasa a través del vidrio o de un marco en mal estado
Lo recomienda el IDAE
Tapar las rendijas de puertas y ventanas con medios sencillos y baratos como burletes o silicona es de las primeras medidas de ahorro
Elige por tu ventana
Corredera, cepillo; practicable, perfil de caucho EPDM (E, D o P); ventana de madera antigua, burlete metálico
Cómo localizar la fuga
Pasa una vela o una tira de papel por el perímetro cerrado: donde la llama baila o el papel se mueve, ahí entra el aire

Qué es un burlete y por qué deja de cerrar con los años

El burlete es la junta (normalmente de goma, caucho o espuma) que va alrededor de la hoja de la ventana y sella el contacto entre la hoja y el marco cuando cierras. Es la pieza que impide que el aire pase por la rendija. El problema es que ese material se va degradando: el sol, el frío y el propio uso lo endurecen, lo cuartean y lo aplastan, hasta que pierde la elasticidad y ya no sella. Cuando eso pasa, notas corrientes con la ventana cerrada, oyes más ruido de la calle y la zona junto a la ventana está más fría.

La gracia es que renovarlo es de lo más barato y accesible que puedes hacer en una ventana: el material cuesta poco y, en muchos casos, es un trabajo que puedes hacer tú mismo. El propio IDAE incluye tapar las rendijas de puertas y ventanas con medios sencillos como burletes o silicona entre las recomendaciones básicas de ahorro energético del hogar. No transforma la ventana, pero frena las infiltraciones, que es una de las vías por las que más confort se pierde.

Tipos de burlete: cuál va en tu ventana

No todos los burletes valen para todo, y poner el equivocado es tirar el dinero. Estos son los tipos que vas a encontrar y dónde encaja cada uno. La clave es mirar primero cómo abre tu ventana (corredera o practicable) y de qué es el marco.

  • Espuma adhesiva: el más barato y también el peor. Va pegado y se aplasta con el tiempo; sirve como apaño temporal en marcos practicables, pero dura poco (orientativamente unos años) y NO aguanta en el carril de una corredera, donde el roce lo despega enseguida.
  • Caucho EPDM (perfiles en E, D o P): el más recomendable para ventanas practicables de aluminio o PVC. Va en el marco donde apoya la hoja; el perfil D o P se comprime al cerrar la manilla y forma una cámara estanca. Resiste mejor el sol y los ciclos de frío y calor.
  • Cepillo o felpa: el específico para ventanas correderas. Sella sin frenar el deslizamiento de la hoja, cosa que un caucho rígido no permite. Es el que casi siempre toca en correderas de aluminio.
  • Silicona extruida: gama más alta, con mayor durabilidad y resistencia térmica. Buena opción si quieres que dure más y no estar pendiente del cambio.
  • Metálico o de bronce (de muelle): el clásico para ventanas de madera antiguas. Va encastrado en el marco y dura muchísimo más que un adhesivo; es la opción para no estropear la estética de una carpintería de madera de época.
Comparativa de varios perfiles de burlete: espuma, caucho en E y D, cepillo y metálico
No vale cualquier burlete: el de espuma es barato pero dura poco, el caucho perfil D o E sella las practicables, el cepillo es para correderas y el metálico para ventanas de madera antiguas.

¿Has cambiado los burletes y la ventana sigue fría, o ya no sabes si el problema es la junta o el cristal? Te ayudamos a diagnosticar si te basta con sellar o si te compensa cambiar la ventana, sin venderte nada que no necesites.

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Cómo saber por dónde entra el aire (y cambiarlo tú)

Antes de comprar nada, localiza la fuga. El método casero de toda la vida funciona: con la ventana cerrada y, mejor, en un día con algo de viento, pasa una vela encendida (con cuidado) o una tira fina de papel por todo el perímetro de la hoja. Donde la llama se incline o el papel se mueva, ahí se está colando el aire. Así sabes si el problema está arriba, abajo o en los laterales, y eliges el burlete y la longitud justa. Mide el hueco que tiene que rellenar la junta para acertar con el grosor del perfil.

El cambio en sí suele ser sencillo: retiras el burlete viejo (los adhesivos tiran y se despegan; los de cepillo o los encastrados van en una ranura), limpias bien la superficie para que agarre o encaje el nuevo, y colocas el perfil correcto a lo largo del marco. Es uno de esos arreglos que dan una mejora inmediata por muy poco dinero. Y si quieres ver dónde encaja esta medida dentro del conjunto de cosas que se pueden hacer sin obra, lo tienes en cómo aislar la casa sin obras.

Cuándo el burlete no basta: la prueba que lo revela

Aquí va la parte honesta, la que casi nadie te cuenta. El burlete arregla un problema concreto: el aire que se cuela por la junta de la hoja. No arregla el frío que pasa a través de un vidrio simple, ni una ventana cuyo marco se ha deformado o cuyo herraje ya no aprieta la hoja contra el marco. Son cosas distintas. Hay una forma rápida de distinguirlas: si haces la prueba de la vela y la llama se mueve en la junta, es infiltración y el burlete ayuda. Pero si la llama no se mueve y, aun así, notas el cristal muy frío al tacto o la ventana sigue siendo fría en conjunto, el problema es el vidrio o el marco, y ahí un burlete no hace nada.

En ese caso, la mejora real pasa por la ventana en sí: doble acristalamiento, rotura de puente térmico, un cierre que apriete bien. Lo vemos en la página de ventanas, donde explicamos de qué depende de verdad que una ventana aísle. El cajón de la persiana es otro punto de fuga frecuente que el burlete no toca y conviene revisar aparte: lo contamos en aislar el cajón de persiana. Resumen: empieza por los burletes porque es barato y se nota, pero no esperes que conviertan una ventana mala en una buena.

Una vela encendida junto a la junta de una ventana cerrada con la llama inclinada por una corriente de aire
La prueba de la vela: con la ventana cerrada, recorre el perímetro con una llama. Donde se incline, hay una filtración de aire que un burlete nuevo puede tapar.
Dudas frecuentes

Preguntas frecuentes

¿Qué burlete es mejor para una ventana corredera?

Para una ventana corredera el burlete adecuado es el de cepillo o felpa, porque sella el hueco sin impedir que la hoja deslice. Un perfil de caucho rígido o una espuma adhesiva no sirven en el carril de una corredera: el roce continuo de la hoja los despega o los aplasta en poco tiempo y pierden la estanqueidad. Si tu ventana es practicable (abre girando, no deslizando), entonces sí va mejor un caucho EPDM en perfil D o P, que se comprime al cerrar la manilla.

¿Cuánto duran los burletes y cada cuánto hay que cambiarlos?

Depende mucho del material. La espuma adhesiva es la que menos aguanta, orientativamente unos pocos años, porque se aplasta y pierde elasticidad. Un caucho EPDM o una silicona de calidad duran bastante más, y un burlete metálico de los de ventana de madera puede durar décadas. La señal para cambiarlo no es el calendario, sino el tacto y el resultado: si la goma está dura, agrietada o aplastada, o si notas corrientes con la ventana cerrada, toca renovarlo. Es tan barato que no merece la pena esperar.

¿Cambiar los burletes lo puedo hacer yo mismo?

En la mayoría de los casos sí, es uno de los arreglos de la casa más accesibles. Solo necesitas identificar por dónde entra el aire (con la prueba de la vela o del papel), medir el hueco que tiene que rellenar la junta para acertar con el grosor, comprar el tipo correcto según tu ventana y colocarlo. Retirar el burlete viejo y poner el nuevo no requiere herramientas especiales en los modelos adhesivos o de cepillo. Solo en carpinterías de madera con burlete metálico encastrado puede convenir manos con algo más de práctica.

¿Merece la pena cambiar los burletes o mejor cambiar la ventana?

Empieza siempre por los burletes, porque cuestan muy poco y la mejora se nota enseguida si el problema era la infiltración por la junta. Pero ten claro qué arreglan y qué no: el burlete frena el aire que se cuela por la junta, no el frío que atraviesa un vidrio simple ni una ventana cuyo marco o herraje ya no cierra bien. Si tras cambiarlos sigues notando el cristal muy frío o la ventana sigue siendo fría en conjunto, el problema es el vidrio o el marco, y ahí la solución real es cambiar la ventana.

¿Quieres dejar de notar corrientes en casa sin gastar de más? Cuéntanos cómo son tus ventanas (correderas o practicables, de qué material, qué notas) y te ayudamos a ver si te basta con cambiar los burletes o si te compensa dar el salto a una ventana eficiente.

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