Por qué instalar un split es una obra (y necesita permiso)
El error de partida más común es pensar que poner un aire acondicionado es como instalar una lavadora: un electrodoméstico que enchufas y ya está. No lo es. Un aire acondicionado fijo de tipo split implica taladrar la pared para pasar las tuberías, fijar la unidad interior y, sobre todo, colocar la unidad exterior, normalmente en la fachada o en un balcón. Eso modifica la configuración de la vivienda y suele afectar a la fachada, que es un elemento común del edificio. Por eso, legalmente, instalar un split es una obra, no la simple instalación de un aparato.
Y aquí entra la Ley de Arrendamientos Urbanos (la LAU), que regula los alquileres de vivienda. La LAU establece que el inquilino no puede realizar obras que modifiquen la configuración de la vivienda sin el consentimiento del propietario expresado por escrito. Es decir, no basta con un «sí» de palabra: necesitas el permiso del arrendador por escrito antes de instalar. Saltarse esto tiene consecuencias serias, como veremos. Por eso, lo primero que debe hacer un inquilino que quiere aire acondicionado fijo es hablar con el propietario y conseguir esa autorización por escrito, idealmente como anexo al contrato.
El doble permiso: propietario y comunidad
Conviene tener claro que, en muchos casos, no hace falta un permiso, sino dos. El primero, imprescindible siempre, es el del propietario de la vivienda, por escrito, porque es una obra sobre su propiedad. Pero si la unidad exterior va a ir colgada en la fachada del edificio (lo más habitual), entra en juego un segundo permiso: el de la comunidad de propietarios, porque la fachada es un elemento común y colocar ahí un aparato afecta a la imagen y al espacio compartido. Además, puede haber normativa municipal que regule dónde y cómo se pueden instalar estas unidades.
Esto significa que un inquilino puede tener el visto bueno del propietario y, aun así, encontrarse con que la comunidad no permite colgar la unidad exterior en la fachada, o que solo la permite en determinadas ubicaciones. Por eso conviene resolver las dos puertas antes de comprar nada: confirmar con el propietario (por escrito) y verificar con la comunidad si la ubicación prevista para la unidad exterior es viable. Dónde colocar técnicamente la unidad, una vez tienes los permisos, lo vemos en dónde colocar la unidad interior del aire acondicionado.

Quién paga y qué pasa al terminar el contrato
Sobre quién paga, la regla general es sencilla: lo que el inquilino pide e instala para su comodidad, lo paga el inquilino, tanto la instalación como su mantenimiento, salvo que se acuerde otra cosa con el propietario. Si es el propietario quien decide instalar el aire acondicionado (por ejemplo, para revalorizar el piso o como parte del equipamiento que ofrece), entonces lo paga él. También cabe un acuerdo intermedio de reparto del coste. La clave es pactarlo claramente por escrito desde el principio, junto con el permiso, para evitar malentendidos. El aire acondicionado no es un equipamiento obligatorio de una vivienda de alquiler, salvo que conste en el contrato como parte del equipamiento incluido.
El otro punto a pactar es qué pasa con la instalación cuando termina el contrato. Según lo acordado, pueden darse dos situaciones: que el inquilino tenga que retirar el aparato y dejar la pared como estaba (tapando los agujeros), o que la instalación quede en la vivienda para el propietario (normalmente sin derecho a compensación, salvo que se haya acordado). Lo razonable es dejar esto escrito antes de instalar, para que ninguna de las partes se lleve una sorpresa al final. Si lo pactas bien, un aire acondicionado en alquiler no tiene por qué ser un problema; el error es instalarlo sin permiso ni acuerdo y enfrentarse a las consecuencias después.
Si no consigues permiso: las alternativas sin obra
¿Qué puedes hacer si el propietario o la comunidad no te dan permiso para un split fijo, o si simplemente no quieres meterte en una obra en un piso que no es tuyo? Hay alternativas sin obra. La principal es el aire acondicionado portátil: un aparato que va apoyado en el suelo, sobre ruedas, y que solo necesita un enchufe y sacar su tubo de evacuación de aire caliente por una ventana entreabierta. Al no requerir instalación fija ni tocar la fachada, no necesita permiso de obra: lo enchufas, lo usas y, cuando te vas, te lo llevas. Es la solución natural para un alquiler.
El portátil tiene sus limitaciones frente a un split fijo (suele enfriar menos para el mismo consumo y hace algo más de ruido, porque todo el equipo está dentro de la habitación), pero para un piso de alquiler resuelve el problema sin permisos ni obras ni discusiones sobre quién paga la instalación. Las diferencias entre un portátil y un split fijo, para decidir si te compensa, las vemos en aire acondicionado portátil o split. En resumen: si puedes acordar un split fijo con permisos, mejor confort; si no, el portátil es la salida cómoda para refrescar un alquiler sin complicaciones. Lo ves todo en el pilar de aire acondicionado.

Preguntas frecuentes
¿Puede un inquilino instalar aire acondicionado sin permiso del propietario?
No. Instalar un aire acondicionado fijo (split) es una obra que modifica la vivienda, y la Ley de Arrendamientos Urbanos establece que el inquilino no puede hacer obras que modifiquen la configuración de la vivienda sin el consentimiento del propietario expresado por escrito. No basta con un permiso verbal: necesitas la autorización del arrendador por escrito antes de instalar, idealmente como anexo al contrato. Si además la unidad exterior va a la fachada, necesitarás también el permiso de la comunidad. Instalarlo sin permiso puede acarrear consecuencias serias, como la obligación de retirarlo o, en casos graves, problemas con el contrato de alquiler.
¿Quién paga el aire acondicionado en un piso de alquiler, el casero o el inquilino?
Por defecto, lo paga quien lo pide e instala. Si es el inquilino quien quiere el aire acondicionado para su comodidad, normalmente corre con el coste de la instalación y su mantenimiento, salvo que acuerde otra cosa con el propietario. Si es el propietario quien decide instalarlo (para revalorizar el piso o como parte del equipamiento que ofrece), lo paga él. También cabe un acuerdo de reparto. El aire acondicionado no es un equipamiento obligatorio de una vivienda de alquiler salvo que conste en el contrato. Lo importante es pactar quién paga por escrito desde el principio, junto con el permiso, para evitar malentendidos.
¿Qué pasa con el aire acondicionado cuando termina el contrato de alquiler?
Depende de lo que se haya pactado. Hay dos situaciones habituales: que el inquilino tenga que retirar el aparato y dejar la pared como estaba (tapando los agujeros de las tuberías), o que la instalación quede en la vivienda para el propietario, normalmente sin derecho a compensación salvo que se haya acordado lo contrario. Por eso lo recomendable es dejar por escrito, antes de instalar, qué ocurrirá al final del contrato, para que ninguna de las partes se lleve una sorpresa. Si no se pactó nada, puede generar conflicto, así que es mejor anticiparlo en el acuerdo de instalación junto con el permiso y el reparto del coste.
¿Hay alguna opción de aire acondicionado sin obra para alquiler?
Sí, el aire acondicionado portátil. Es un aparato con ruedas que va apoyado en el suelo y solo necesita un enchufe y sacar su tubo de evacuación de aire caliente por una ventana entreabierta. Al no requerir instalación fija ni tocar la fachada, no necesita permiso de obra: lo enchufas, lo usas y te lo llevas cuando te vas, lo que lo hace ideal para un alquiler. A cambio, suele enfriar algo menos que un split fijo para el mismo consumo y hace más ruido, porque todo el equipo está en la habitación. Pero resuelve el problema de refrescar un piso de alquiler sin permisos, obras ni discusiones sobre quién paga la instalación.
